martes, 17 de julio de 2012

capitulo 105


By Bill

Nunca me había sentido de esta forma, nunca creí volver a pasar por lo mismo, volver a dejar mi hogar, volver a dejar todo lo que quería… Era como comenzar con una nueva vida, llena de personas nuevas, tan solo conociendo a una persona… a mí.

Mis ojos se secaron, de alguna forma comenzaba a darme por vencido, a resignarme con lo que estaba pasando ahora. Miré hacia la ventana, el viaje era corto, una o dos horas, no más; escuché un pequeño suspiro a mi lado, (tu nombre) ya dormía, algo pálida, inexpresiva; acaricié su mejilla e incliné el asiento hacia atrás, sonriendo.

[…]

(Tu nombre) hizo unas llamadas por el celular y después, pidió un taxi para ambos; no habíamos hablado en todo el recorrido y apenas nos miramos por unas milésimas de segundos, parecía como si fuéramos enemigos o desconocidos; como si nunca hubiéramos hablado en todo nuestra vida. Entramos en el auto y nos dirigimos a un lugar desconocido para mí, pero (tu nombre) parecía muy segura de nuestro destino, así que, lo único que pude hacer, fue confiar en ella, finalmente en ella siempre estaba la última palabra, no en mi.

El auto se detuvo de pronto frente a una pequeña casa blanca, la puerta era grande, de madera oscura; tenía una gran ventana con unas cortinas blancas. (tu nombre) bajó del auto, agradeciendo y pagando al hombre; la miré con confusión, pero su respuesta me dejó insatisfecho, pues solo me miró, esperando a que bajara del auto. Y lo hice. Bajé mis maletas y cerré la puerta del auto, el que arrancó rápidamente.

- Eh…- pronuncié en un hilo de voz tan bajo, que dudé si realmente había salido algún ruido de mi boca.

(Tu nombre) entró a esa casa, mirándome a los ojos y haciendo una seña con su cabeza, invitándome a entrar a mí también; la casa estaba amueblada, perfectamente limpia, y dentro de mí, había algo que me decía, que ella sabía que la trasladarían desde antes.

- (Tu nombre)…- ella me miró, seria, esperando que dijera alguna palabra. –Tú… ya sabías esto, ¿cierto?- bajó la mirada y se acercó a mí. -¿De quién es esta casa?

- Es de mi papá.- acarició su cuello, nerviosa. –Y sí, sí lo sabía.- tomó el mango de su maleta y tomó las otras en sus manos, caminando con lentitud, dándome la espalda.

Tomé mis maletas y caminé hacia ella, quien abría una recamara, en la planta baja, y sin más, entró y dejó las maletas en el umbral; me acerqué para mirar, sentía que algo estaba mal, algo entre los dos… quizá Tom si tenía razón.

En todo lo que restaba del día no nos dirigimos una sola palabra, ni siquiera una mirada, una respiración del otro en la misma habitación. Nada. Solo estaba yo en la sala, sobre el sofá de tela blanco, aun envuelto en una bolsa de plástico; y ella, en la habitación, en silencio; a veces escuchaba su voz, riendo, al teléfono, pero después de eso, solo sus cosas moviéndose.

Después de unos largos minutos de tensión y silencio, caminé hacia la habitación para avisarle que saldría, pero ella dormía sobre la cama; mis ojos se humedecieron, y salí de la casa con paso rápido, cerrando la puerta. La tarde estaba cálida, con el sol cálido iluminando las calles vacías, con pocas personas; y lo único que quería en este momento, era que se cruzara una tienda para comprar tabaco; finalmente la encontré y me llevé a la boca cuatro de ellos durante todo el camino, iba por el quinto, despreocupado, serio, sin rumbo alguno, no conocía este lugar.

- Humm…- suspiré al encontrarme con una banca de madera solitaria, en la sombra; di unas cuantas caladas a mi cigarrillo y dejé la ceniza caer sin preocupación alguna.

- ¿Está ocupado este lugar?- era un hombre grande, de su cara salía una gran barba gris; usaba ropa holgada y desprendía un olor a incienso; me miraba con una pequeña sonrisa formada en sus labios y yo, sin más, negué.

- No, no lo está.

- Eso significa que puedo sentarme, ¿verdad?- lo miré confundido y asentí.

- Sí…- él tomó asiento; di una calada a mi cigarrillo, respirando con algo de agitación.

- El amor es lo más hermoso que puede pasarte.- lo miré, aun más confundido, frunciendo el entrecejo. –No dejes que se te acabe nunca.

- ¿De qué habla?, ¿Acaso nos conocemos?

- Humm, no necesito conocerte para saber que algo te tiene así.- recorrió mi cuerpo con su mano, sin tocarme, mirándome a los ojos.

- ¿Así cómo?- pregunté.

- Tan ansioso con el tabaco.- me sacó el tabaco de mis dedos y se lo fumó todo de una sola calada, tirándolo al suelo y pisándolo con sus zapatos; dejó el humo salir y sonrió. –Soy yo, o tú estás triste.

- Bueno… algo así.

- ¿Quisieras contarle a tu amigo?- mordí mis labios, inseguro, pero… que va, si al final los problemas los saben todos.

- A mi pareja la trasladaron por su trabajo… y mi hermano ha decidido por mí, me ha, prácticamente, obligado a tomar una decisión que yo no estaba seguro de tomar… y ahora, ella está distante conmigo, es como… como si no nos conociéramos…

- Empezaré con algo.- asentí. -¿Tú hermano te quiere?

- Eso creo…

- Un hermano siempre va a ser eso, un hermano; a veces pueden tratarse de los cabellos, pero un hermano nunca va a hacer nada por tú mal, nunca.

- Bueno… yo…

- Y ella- interrumpió. –es tu pareja, tú la quieres y ella te quiere; siempre habrá peleas, pero en cuanto no haya uno de los dos quien se atreva a decir la primera palabra, podrán perder confianza.

- No sé qué fue lo que hice para que pasara esto.

- Y si no lo hablas con ella nunca lo sabrás tampoco.- asentí, pensativo.

- ¿Por qué me está diciendo todo esto?, es decir, no nos conocemos…

- Solo ayudo al prójimo, a mis hermanos. Dime una cosa, ¿te gusta mirar a las personas tristes?

- Claro que no.

- A mí tampoco, por eso intento ayudarte.- sonreí.

- Pues… creo que ha funcionado muy bien- él sonrió.

- Me alegro, ahora tengo que irme.

- Esta bien… gracias.

- No hay porque agradecer.

[…]

Abrí la puerta de la casa, el pequeño pasillo que daba a la cocina estaba repleto de bolsas de plástico llenas de víveres; caminé hacia la cocina, con lentitud, y ahí la miré, limpiando el refrigerador con un trapito rojo, seria; sonreí, recargándome en el umbral de la puerta.

- Y si lo sabías… ¿por qué no me lo dijiste antes?- dio un salto de sorpresa y dejó de limpiar, mirándome con seriedad; se levantó y caminó hacia mí, deteniéndose un metro frente a mí.

- Sabía cómo lo tomarías, entonces, busqué una manera para cancelar todo esto del traslado.

- ¿Desde cuándo lo sabías?

- Hace unas cuantas semanas.- caminó a mi lado, cargando algunas bolsas de plástico hasta el refrigerador, en silencio. Sacó la comida y empezó a colocarla con delicadeza dentro del refrigerador.

- ¿Por qué te has molestado de pronto?

- No estoy molesta, estoy… confundida.- terminaba de guardar todo tan rápido, y me decidí a ayudarle con lo que iba en la alacena; tomé un trapo de los muchos que había sobre el lavaplatos y limpié todo ahí.

- ¿Confundida, por qué?- metí las pastas y algunas latas, con rapidez, acomodándolas perfectamente, pero aun así, no dejaba de mirarla por al menos unos segundos.

- No sé…- mi pecho comenzó a reprimir las ganas de llorar al recordarlo todo; claramente era mi culpa, no había argumento alguno para negarlo.

- Sé que es por mi culpa, pero no logro saber muy bien la razón.- ella no contestó, solo siguió guardando, como si no me escuchara.

Cerré las puertas de la alacena y caminé por más bolsas, las que tenían unos paquetes grandes con platos de seda grises, blancos y negros; los guardé en esas puertitas, limpiando antes el área y después la miré a ella, qué guardaba los vasos.

- ¿Es por cómo me comporté en el aeropuerto?- pregunté no queriendo escuchar una respuesta, pero al final sí la tuve.

- Algo así…- empezó a limpiar las ventanas con un rociador con detergente en las ventanas. Yo tomé todas las bolsas en mis manos y guardé una dentro de la otra.

No volví a hablar, una vez más reflexionaba sobre mis actos en silencio, para mi interior, para mí mismo. Caminábamos a la recámara, silenciosos, sin mirarnos; ahí dentro había también algunas bolsas, había un colchón nuevo, era blanco y muy grueso.

- ¿Cómo lo trajiste?- pregunté.

- Me ayudaron a traerlo algunos hombres del centro comercial.- asentí, mirándola con seriedad.

Tomé las bolsas que contenían cobijas, sabanas, almohadones y almohadas; tomé la funda para el colchón blanca, y la coloqué con delicadeza; después la sabanas también blancas; y al último, el sobre cama gris con una franja negra a los pies; coloqué las almohadas grises y los almohadones rojos, negros y grises. Después la miré a ella, quien colocaba las lámparas de noche sobre las masitas a los lados de la cama.

- ¿Cómo compraste todo esto, (tu nombre)?

- Papá me dio algo de dinero, y use el mío.

- ¿Por qué no me pediste dinero a mí?

- Te habías ido.- dijo sin más, llevando algunas bolsas al baño, cerrando la puerta; aproveché que había cerrado la puerta para echar fuera algunas lágrimas, sentándome en la cama, con un sentimiento extraño.

Mi móvil comenzó a sonar con ese timbre tan molesto, lo tomé en mis manos y respondí.

- ¿Hola?

- ¿Han llegado ya, Bill?

- Sí…

- No sigues llorando, ¿verdad?- Salí de la recamara, caminando hasta la sala, la cual ya no tenía las bolsas de plástico.

- No molestes ya, Tom.

- ¿Qué tienes, hermano?

- ¡Nada, Tom!, ¿sabes? Por lo menos durante una puta semana no quiero escucharte.

- ¿Por qué no?

- Por lo que acabas de hacer, por qué hiciste que (tu nombre) y yo tuviéramos una pelea la cual no estoy seguro cual es la razón.

- Yo no hice que ustedes pelearan, Bill; fuiste tú quien se comportó como si ir con ella fuera un castigo.

- Nadie nunca me preguntó cómo me sentía yo con esto, encima dejé a mi único amigo allá…

- (Tu nombre) dijo que no lo haría si tú no estabas de acuerdo.

- ¡Está claro que no iba a decirle que no lo hiciera cuando yo me he ido sin razón!

- Entonces usa tu racionalidad y estate con ella, no porque es su trabajo, ¡si no porque tú la quieres!

- Estoy iniciando una vida nueva por tu culpa, ¡no por la de ella!

- ¿Sabes qué, Bill?, ¡Vete al infierno!, si no puedes ver que todo esto lo hice por ti, entonces…

- ¿Sabes una cosa?- interrumpí.

- ¿Qué?

- ¡YA ESTOY EN EL INFIERNO!- corté. Suspiré con fuerza, tragándome los sentimientos; mi móvil volvió a sonar, pero esta vez no respondí.

[…]

Abrí mis ojos gracias a un que un objeto cayó al suelo, haciendo un ruido lo bastante fuerte; (Tu nombre) me miró seria.

- Lo siento, Bill, vuelve a dormir.- sonrió; me senté y le miré.

- ¿A dónde vas?

- A eso del trabajo, regresaré pronto.

- ¿Puedo acompañarte?

- Si eso quieres…- me levanté de la cama y tomé ropa; caminé hacia el baño y cerré la puerta, quitando toda mi ropa y abriendo la llave de la regadera.

Usé un pantalón de mezclilla azul marino con un cinturón de cuero negro; una playera negra ajustada; un suéter negro con una bufanda negra y un gorro tejido color gris. No use mucho maquillaje, tan solo máscara para mis pestañas y brillo en los labios. De calzado, unas zapatillas color negro.

Salí del baño y la miré, que arreglaba unos papeles con seriedad pura, sin ninguna expresión en su cara; al mirarme tan cerca de ella, levantó la mirada y también, levantó su cuerpo de la cama; sin pensarlo demasiado le di un abrazo, sintiendo a mi corazón dar saltitos de alegría; ella lo contestó con fuerza, y sonreí, porque lo habíamos logrado sin necesidad de palabras.

- Lo siento, (Tu nombre), perdóname…

- Esto es difícil para los dos- decía acariciando mi espalda. -, pero recuerdas lo que dijimos.- me quedé en silencio, esperando que lo dijera. – Estamos preparados para correr cualquier riesgo.

- Siempre que estemos de la mano…- terminé.

Mi corazón había sufrido otra punzada, una vez más me sentí culpable por volver a ser la persona que no quería ser, de la que me estaba librando poco a poco. La miré a los ojos y besé su frente con delicadeza, sin soltar una sola lágrima, pues lo que menos merecíamos era vernos mal uno al otro una vez más.

Ella entró al edificio y yo la esperé fuera, mirando todo a mí alrededor. Era un lugar lindo de verdad, pero algo me hacía extrañar Los Ángeles de una forma extraña. Mi móvil comenzó a sonar una vez más, pero mi orgullo hacía que ni siquiera le prestara atención a sus llamadas, sabía que era Tom, y por eso mismo, prefería no contestar.

[…]

Son dos meses en Nueva York, no hemos hecho muchos amigos, pero yo estoy bien solo con ella. No hemos tenido peleas frecuentes, creo que hemos estado muy bien después de llegar. Ahora estamos caminando sin rumbo, pues aun no conocemos muy bien el lugar.

- (Tu nombre), ¿sabes cuánto te quiero?

- Más que yo a ti, no lo creo.

- Yo sí lo creo.- ella rió.

- Billy, eres una persona realmente linda.

- ¿Por qué lo dices?

- Porque gracias a ti, conocí la felicidad.- me dio un beso en los labios, el mismo que yo respondí tomando sus mejillas, abriendo mis labios que sellaban perfectamente sobre los suyos.

- Te amo, te amo demasiado, (tu nombre).

- Yo también te amo.- rodeo mi cintura con su brazo y seguimos caminando.

- ¿Sabías que cuando las personas comparten su vida con otra persona, el color de su aura cambia?

- ¿Eso quiere decir que el nuestro ha cambiado ya?

- Creo que la mía cambio desde que te conocí.- ella sonrió y sacó un suspiro.

- No puedo creer como me enamoré de la persona más fea en toda Alemania.- se carcajeo.

- ¡Vamos, me has quitado toda intención de decirte una cosa linda!

- Lo siento, pero es divertido…

- No, no es…- piqué su estómago con mis dedos y ella se retorció con una cara larga.

- ¡Bill!

- “Lo siento, pero es divertido…”

- ¡NO ES DIVERTIDO BILL!, ¿sabes una cosa? Odio que seas así, ¡no vuelvas a tocarme!- la miré sorprendido, ella caminó lejos y la risa floja me llegó causa de los nervios; me acerqué a ella y le tomé los hombros.

- ¿Qué te pasa, linda?, ¿estás en…en…la regla?- ella me miró, sonriendo con saña.

- Billy…- se carcajeo. -¿Sabes algo?- la miré. –Amo tu inocencia.- me dio un abrazo, besando mi pecho; ella me miró a los ojos, con una sonrisa. -¡Solo toca tu corazón, esta tan agitado!- entreabrí mis labios, algo asustado, y sí, mi corazón saltaba con nervio y algo de miedo.

- (Tu nombre)… casi me matas del susto.- ella se carcajeaba.

- Lo siento, Billy, no creí que fueras a tomártelo tan enserio.

- Estuve a punto de echarme a llorar.

- Ohh…- sonrió, dándome un abrazo fuerte que yo respondí. –Te amo, Billy.

- Te odio… no vuelvas a asustarme de esa forma.

- Lo juro.- sonrió, riendo.

Las gotitas de lluvia comenzaron a caer, pero en tan solo unos segundos más caminando, la tormenta cayó sobre nosotros, empapándonos al tiro, sin poder escapar de ella antes de mojarnos. Tomé la mano de (tu nombre) y corrimos en busca de un lugar seco.

- ¿Sabes? Creo que correr ya no sirve de nada.- dijo, apretando mi mano.

- Sí sirve, puedes enfermarte, linda.

- Eres muy hospitalario, eh.

- No, solo cuido de ti porque eres mi princesa. Ahora vamos.

Llegamos a casa y fuimos a la recámara, nos recostamos en la cama y  nos besamos con ternura; ella bajo de mi, nuestros labios se abrían cada vez más, haciendo con la humedad de nuestros labios, algunos sonidos entre el beso. Terminé con un beso en su barbilla y uno en su frente; me recosté a su lado, abrazándole.

- Te amo, hermosa.

- Yo también te amo, flaquito.

Ella se dio la vuelta, quedando frente a frente, acarició m cuello, sin parpadear, tan solo mirándome a los ojos; yo acaricié su mejilla, sonriendo. No tenía palabra alguna que pudiera decir ahora; estaba completamente enamorado, enamorado de una persona que al principio miraba con indiferencia; y esa persona me demostró ser la más comprensiva, humilde y cariñosa de todas.


domingo, 15 de julio de 2012

Capitulo 104


Le di la espalda a Tom, caminando lentamente, sin querer hacerlo realmente, aun no definía bien mis pensamientos, podría gritarle, podríamos pelear, y lo único que sí tenía definido era que no quería pelear. Me senté a su lado, dando una pequeña calada a mi cigarrillo, pensando que podía decirle, o quizá también esperando que ella hablara antes que yo, quitándome las palabras. Pero, me resigné a ser yo el de la primera palabra.

Eché el humo de mi nariz y suspiré.

- Siento habérmelo tomado de esa forma.- puse mis ojos sobre un pequeño pajarito café frente a nosotros, que picoteaba el pasto mientras trinaba con agudeza.

- No quería decírtelo por eso, tonto… pero era claro que no me iría sin más, sin escuchar tu opinión.- lamí mis labios, metiéndome el tabaco en los labios y calando con delicadeza.

- Humm…- saqué el humo. - ¿Qué piensas tú de esto, (tu nombre)?

- Pienso que… que quiero hacerlo.- los latidos de mi corazón se aceleraron de pronto y mi respiración se entrecortó un poco. Las palabras ya no eran necesarias, no podría hacerle cambiar de opinión, era su trabajo, ella era quien decidía.

- ¿Por cuánto tiempo?- pregunté, dando por vencida la pelea entre mi razón y mi corazón; le di una calada más a mi tabaco, tratando de esconder que esto me jodía más de lo que parecía.

- No lo sé, supongo que hasta nuevo aviso.- mis músculos comenzaban a tensarse, estaba luchando contra mis lágrimas y la ira que sentía dentro de mí; estaba luchando contra su decisión, contra su trabajo, contra lo que a ella le gustaba; y sabía que nada de lo que dijera le haría cambiar de opinión. –Pero, yo no quiero hacerlo si tú no estás de acuerdo.

Pero no iba a decirle que no estaba de acuerdo, no iba decirle que la idea de que se fuera era una mierda y me jodía hasta lo más profundo de mí ser. No podía quitarle algo que ella amaba, y mucho menos por el estúpido amor.

- ¿Más de un año?- Ella me miró, tomando mi mano y dándole caricias con sus dedos; eso era un claro “sí.”

- No lo sé…

- ¿Cuándo de irás?

- Mañana me dirán a dónde me tengo que ir, y la próxima semana comienzo con el trabajo.
No dije una sola palabra, porque no tenía nada que decir ante eso, me sentía confundido; estaba feliz por su trabajo, pero no quería que se fuera, no quería que me dejara aquí… solo.

[…]

- ¡Hey, hey, tranquilo!- tomo mis mejillas con delicadeza, acariciándolas con sus pulgares; le miré a los ojos, tragando con pesadez. –Dios no te castiga, todo lo que hace es por nuestro bien, ¿sí?- asentí, y él, con delicadeza, sacó las manos de mi piel.

- Pero… tengo miedo de que ella se vaya, sin mí, Tom.

- No te pongas mal por eso, hermano; ¿por qué no quieres ir con ella?

- Porque lo he prometido y…

- ¿A quién se lo has prometido?- baje la mirada, apenado.

- A…a papá…- apreté los dientes, obligando a mis lágrimas a permanecer dentro.

- Bill- sonrió. -¿Recuerdas lo que papá nos dijo?- lo miré. –“Estaré protegiéndolos de cada tropiezo, estaré siempre a menos de un paso de ustedes.”- sonreí.

- Pero… no quiero que tú te quedes aquí…- me miró a los ojos, serio, pero de pronto, una sonrisa salió de sus labios, pequeña y tierna. –Prometimos que estaríamos…

- Juntos siempre, lo sé.- interrumpió. –Pero nos tocó un destino distinto; aunque no lo creas, sabía que llegaría un día como estos.

- ¿Qué (tu nombre) se iría?- negó.

- Que tú y yo nos separáramos.

- ¿Por qué?

- Tienes a una compañera de vida, hermano; formarás una familia,  y yo no puedo estar entrometiéndome siempre, ¿entiendes?

- Pero no te entrometes, ni siquiera molestas.- río.

- A ti no te molesto, ¿le has preguntado a ella?- bajó la mirada.

- Ella te quiere, Tom…

- Sí, pero ¿y cuándo yo tenga una compañera?, ¿seremos cuatro en una casa?

- Sería divertido.- sonreí, pero él negó.

- No, sería complicado.- suspiró. –Hermano, estaremos juntos siempre…

- Pero somos como almas gemelas, ¿entiendes?... no me quiero separar de ti otra vez…

- Y porque somos almas gemelas, no debes temer nada, estaremos juntos el resto de nuestras vidas.

- Me están partiendo a la mitad, Tom… es difícil para mí esto… si me quedo, mi princesa se va sola… y si me voy, mi hermano se queda solo…- él me dio un abrazo, acariciaba mi espalda; sentí nuestros corazones palpitar en el pecho del otro.

- Pero tu familia es con ella; tú y yo no vamos a besarnos, no vamos a decirnos lo mucho que nos hemos extrañado durante el día, no vamos a tener hijos juntos, no vamos a tener noches los dos juntos, ¡somos hermanos, Bill, solo eso!

- solo hemos estado juntos por tres putos años…- él río.

- Hey, odio ver a mi hermano así, ¿sabes?, es que los dos vamos a estar bien, so la distancia en que nos sometieron mamá y papá por once años no nos detuvo, podemos sobrevivir otra, ¿no es así?

Bajé la mirada y le di la espalda, tomando las llaves de mi auto; él me detuvo por los hombros y me dio un abrazo pequeño y sin mucha fuerza.

- ¿Puedo acompañarte?- asentí.

Entramos al auto, y sin más, arranqué hacia el trabajo de (Tu nombre); con cada metro recorrido mis músculos se tensaban cada vez más, estaba nervioso y rezaba para mis adentros. Tom solo miraba la ventana en el asiento copiloto, son los nudillos deteniendo su cabeza; él parecía tomarse todo esto tan fácil, pero la realidad era que para mí, esto era de las decisiones más difíciles que había tomado en mi vida.

Aparqué el auto y saqué las llaves con delicadeza; miré hacia la ventana, en silencio, reflexionando, pensando en ambas decisiones, porque ambas me dolían, ambas dejaban a una persona importante. La puerta se abrió, me viré hacia allí, Tom salía del auto, dejando que (Tu nombre) entrara, pasándose el a los asientos traseros.

- Hola.- sonrió, dando un beso en mis labios.

- Hola, linda.- ¿Y bien?

- ¿Qué?

- Te trasladan… pero ¿a dónde?

- Bill…

- ¿Fuera del país o a otra ciudad?- metí las llaves y arranqué.

- Otra ciudad…- mi corazón palpitó al cien, enojado, decepcionado, triste.

- ¿Cuándo te vas?

- M-mañana…- la sangre comenzó a hervirme, el coraje hacía que mis ojos se humedecieran, que mi corazón latiera tan raído y que mis manos comenzaran a temblar con fuerza.

[…]

Ella hacía sus maletas; yo la miraba recostado en mi cama; en su cara se veía que no estaba completamente feliz por ello, pero aun así, doblaba su ropa con delicadeza, metiéndola en la maleta roja, lentamente, sin decir una palabra, sin ni siquiera mirarme. De pronto ella salió de la recamara.

Me levanté y saqué mi ropa, cambiándola por un pijama azul cielo; deshice la cama y bajo la almohada encontré un boleto de avión con destino a Nueva York; mis ojos se llenaron de lágrimas de desesperación, de confusión y sobre todo, de enojo; y sabía de quien había sido esta estúpida idea, así que caminé hacia su recamara, enfadado.

- ¡TOM!- apenas salía de darse un baño, en ropa interior, secando su cabello con una toalla verde oscuro. Le tiré el boleto en la cara, y él lo miró, serio. -¿POR QUÉ HICISTE ESTO?

- Tranquilo…

- ¡No, Tom!... mierda, ¡¿por qué!?

- Porque ella es tu familia, no puedes dejarla sola.

- ¡Pero tú no puedes decidir por mí, no puedes decirme qué es correcto y qué no!

- Hermano, yo no me comparo con ella- sonrió. -, y sé que esto te está doliendo por ella, porque no quieres dejarla sola.

- ¡Tampoco quiero dejarte a ti!, ¡¿por qué no lo  hablaste conmigo!?, ¿¡por qué eliges una decisión que me perjudica a mí?!

- Te perjudica más si te quedas.

- ¡Tú lo vez tan fácil, pero no lo es!... ¡VE CON ELLA ENTONCES!,

- Tranquilízate, hermanito…

- No puedo, Tom… ¿por qué me hiciste esto?, no me dejaste pensarlo…

- Sé que esto nos hará bien a los dos…

- A mi no… ¡acabas de partirme a la mitad, Tom! ¡Acabas de destrozarme!

- Hey, pequeño, ven aquí- se acercó, abriendo sus brazos, pero yo retrocedí.

- No…- me jaló de mi mano y me acercó a él, abrazándome con fuerza.

- No me gusta verte llorar, ya lo sabes.- abracé su cuerpo desnudo, con fuerza.

- Entonces…entonces no vuelvas a decidir por mi… ¡No lo hagas, Tom!

- Vas a conocer nuevas personas, ¿no es lo que quieres?

- ¿¡Qué pasa con la banda?! Una vez más se echó a perder.

- No es verdad.

- ¡Sí es!- le empujé del pecho y salí corriendo de su recamara.

- ¿Qué te pasa, Billy?

- ¡Nada!- me eché en la cama, intentando dormir.

Unas manos cálidas y grandes movieron mi cuerpo, haciéndome despertar con algo enfado; ahí estaba Tom, con una gran sonrisa, mirándome a los ojos; me senté mirándolo con seriedad, inexpresivo.

- En dos horas sale su avión, hermanito, levántate; he hecho tus maletas.- lo miré enojado; me levanté dándole un golpe, tomando ropa para darme un baño.

Usé un pantalón de mezclilla clara, una playera beige y unas botas negras; cepillé mi cabello y salí del baño, sin maquillaje. Lo miré que hacía la cama con delicadeza.

- ¿Estás listo, hermanito?, levanté mi dedo corazón en sus ojos, más cabreado que nunca. Él tomó las maletas y caminó fuera de la recamara, bajando las escaleras con tanta calma, como si esto no me importara o doliera de alguna forma. –Te hice el desayuno.

- ¡No, no lo quiero!- me senté en la sala, mirando a (tu nombre), quien comía seria y al parecer algo triste. Tom se acercó a la sala con un plato en sus manos.

- Vamos, enano, tienes que comer algo.

- ¡No quiero de tu puta comida, Tom, aléjala de mí!

Sé que tal vez no tenía que comportarme de esa forma, pero no tenía otra actitud a su lado, no estaba feliz con esto, no del todo; quizá (tu nombre) lo sabía, pues me miraba con tristeza, pero es que nadie lograba comprender lo que yo en realidad quería, nadie se paraba por al menos un segundo para preguntarme con amabilidad un:” ¿Cómo te sientes con esto?”

(Tu nombre) terminó de comer y Tom al tiro se levantó de mi lado y caminó rápidamente por los platos, llevándolos a la cocina; ella caminó al baño, para cepillarse los dientes. Salí de la casa, arrastrando mis maletas con tensión.

AEROPUERTO

By Tom

Mi hermano no quitaba esa cara, tan inexpresiva, con esos ojos tan tristes; me acerqué a él, abrazándole por los hombros, pero él ni se inmutó, tan solo seguía caminando, furioso.

- Que, ¿no vas a decirme nada antes de irte?

- Te odio.- sonreí.

- Claro que no me odias.

- Sí, sí te odio, por hacer lo que estás haciendo ahora… ni siquiera te importa.

- ¿Qué dices?, claro que me importa, pero no voy a retenerte, tú y yo solo somos hermanos.

- No te importa, de ser así, me habrías dejado pensarlo más de una vez, me habrías permitido decidir por mí mismo.

- Al menos podrías cambiar la cara, (tu nombre) pensará que es ella quien te está arrastrando a su lado.

- Todavía tienes tiempo.- lo miré confundido.

- ¿Tiempo?, ¿Para qué?

- Para venir con nosotros, para ser los tres una vez más…- me miró a los ojos, deteniendo su paso; pero yo negué, y él, siguió caminando, sin mirarme.

- No, Bill… no puedo ir con ustedes.

- ¡¿Por qué no?!

- Ya lo hemos hablado, no voy a entrometerme.- el negó, juntándose con (tu nombre) –Hey, te quiero, hermanito.

- Eres un hijo de puta…

- Entonces tú también lo serías.

- ¡No intentes hacerte el gracioso, mierda!

- Estarán bien los dos.

- No…

- ¿Cómo podré hacerte feliz al menos un día?

- ¡Viniendo con nosotros, QUEDANDONOS LOS TRES JUNTOS!- sus ojos dejaron que las lágrimas cayeran, pero yo comencé a enfadarme un poco.

- ¿Sabes qué, Bill?, a ambos nos haces sentirnos mal; solo mira a (Tu nombre), ¿crees que a ella le gusta verte llorar?, ¿crees que nos gusta, Bill?

- Si no me quieren ver llorar, ¡deberían escucharme, deberían tomar mi opinión en cuenta!

- No podemos estar los tres juntos siempre, ¡entiende, hermano, por favor!

- Sí podemos… pero no quieres…

Pasajeros del vuelo 105, favor de abordar el avión… gracias.

- Toma esto, hermano.- le pase su boleto, y él lo tomó con la mirada baja.

- Lo único que estás haciendo es que realmente te odie, Tom…

- No me digas esas cosas, Bill, los dos van a estar bien.

- Lo prometimos… prometimos que estaríamos juntos.

- Pero también se lo has prometido a (tu nombre), frente al altar.

- Ven con nosotros… por favor, Tom…- sus ojos despidieron más lágrimas, y yo, intentaba que las mías no salieran.

- No, Bill, no puedo.

- …Por favor…- dijo en un sollozo agudo.

- De verdad no puedo, hermanito; pero te juro que estarás bien, con tu princesa… no llores.- él negó. –Nos veremos, te prometo que así será.- le di un abrazo, pero él no lo contesto, tan solo lloraba más. –Te quiero, hermano.

Me acerqué a (tu nombre) y le di un fuerte abrazo.

- Suerte con tu trabajo, serás la mejor, te lo aseguro.

- Gracias, Tom… te extrañaré.

- Y yo a ti. Te quiero, Troll.

- ¡No puede ser!- se escuchó un fuerte grito tras nosotros; Bill salió corriendo, pero pronto pude jalarle la playera y atraerlo a mí.

- ¿Qué pasa, Bill?

- ¡Scotty!... ¡Mi perro!...

- Tranquilo, Bill, él estará bien conmigo.

- ¡No, no puedo ir sin el… no puedo dejarlo aquí…!- sollozaba con fuerza.

- Es tarde, Bill, tienen que entrar al avión ahora.

- ¡No, a mi perro no puedo dejarlo!

- No hay nada que podamos hacer, hermano.- (Tu nombre) lo tomo de la mano, guiándolo al avión; él lloraba con fuerza, pero aun así, caminaba, apresando la mano de (tu nombre).

Comencé a llorar. Mi hermano se iba, pero me sentía bien porque él estaría bien con ella. Los miraba por la ventanilla, muchas personas ahí dentro se despedían de sus familiares, y por inconveniencia, Bill se había sentado en la ventana, en donde yo podía mirarlo con dificultad; cubría su cara con sus manos.

Dicen que si amas a una persona, debes dejarla ir… y es eso lo que yo hago con mi hermano; no podía retenerlo toda la vida conmigo, aun que él no lograra comprender que todo esto lo hacía… lo hacía porque lo quería.